martes, 2 de abril de 2013

Puente mocho, Beas de Segura

Puente Mocho
Siglos II-III
La Sierra de Segura durante época romana fue un importante paso de caminos que comunicaba el suroeste peninsular con el Levante a través del valle del Guadalimar y la Meseta con el sur a través del valle del Alto Guadalquivir. De ahí que queden numerosos restos de infraestructura viaria, entre los que destacan puentes y calzadas romanas.
Este puente romano, de los siglos II-III, sobre el río Guadalimar, se sitúa entre los términos municipales de Beas de Segura y Chiclana de Segura.La estructura es de grandes dimensiones distinguiéndose dos cuerpos bien diferenciados: el principal está compuesto por dos ojos con arco de medio punto y resortes a sus lados en los que van incorporados otros dos ojos de emergencia; el secundario estaba preparado para las ocasionales avenidas del río y está compuesto por otros dos ojos principales, aunque de menor tamaño.La construcción, con un aparejo de grandes sillares colocados a cuerda y tizón, denota una gran perfección técnica con la que se consigue un resultado de gran solidez como demuestra la pervivencia del puente hasta nuestros días. El papel de esta obra en el esquema de comunicaciones romanas de la zona parece decisivo. Estrabón ya mencionaba una bifurcación de la Vía Augusta antes de llegar a Cástulo que salvaba el «Saltus Castulonensis» y que puede coincidir con el emplazamiento de Puente Mocho; en cualquier caso, por su posición, Puente Mocho es el centro de un cruce de caminos entre Cástulo, Guadíx, Cartagonova por la Sierra de Segura y Saetabis que justificaba la magnitud de la obra. El puente ha seguido en uso hasta hace poco, sirviendo para el paso de vehículos de las explotaciones agrícolas colindantes.

Ayuntamiento de Beas de Segura.



Documentalmente no se tiene constancia de que pase ninguna vía principal por el Puente Mocho. Pero sí de una vía secundaria llamada "Camino de los Cartagineses" que venía aproximadamente de la Sierra de Segura, pasando por Camporredondo y el Campillo, y juntándose casi en Santisteban con la "vereda real". Se usaba y se sigue usando como paso para la trashumancia.
Se trata de un gran puente (de cien metros de longitud) con seis arcos de medio punto realizado con cantería de sillares alternando con mampostería de piedra caliza como paramento externo. La caja está rellena de hormigón de cal y piedras, los sillares, más resistentes, han sido empleados en la construcción de los arcos y las boquillas, mientras que la mampostería, más débil, se emplea en las paredes laterales que conforman los tímpanos. Para su construcción se han aprovechado los recursos naturales que ofrece el cauce del río, las formaciones rocosas que afloran han sido utilizadas en algunos casos como cimientos y el hecho de que salve un cauce principal y otro secundario, con un islote de piedra en medio, le confiere a este puente un aspecto heterogéneo. La sensación visual que da, es la de ser dos puentes distintos unidos por una pasarela en la zona no inundable, es más, no sigue un eje lineal sino que tiene una inflexión en la zona central.
Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar lo describe así:
«[...] Río Guadalimar, que se haya al oeste una legua de la población, en cuyo sitio tiene un puente bastante estropeado de cinco arcos de piedra de sillería de 200 pies de largo, 15 de ancho y 60 palmos de elevación, salvándolo muchas veces las aguas.»
Beas de Segura
«[...] sobre el Guadalimar hay un puente de cantería, casi destruido, que pertenece por mitad a esta villa y a la de Beas: tiene cuatro arcos, 75 varas de largo, 5 de ancho y siete de elevación desde el agua, que lo han cortado por medio y se pasa con trabajo, pero de ningún modo en las crecidas del río, pues por la cortadura se filtra mucha cubriendo las grandes riadas todo el puente.»
Chiclana de Segura

WIKIPEDIA

Puente romano de Romillán, Trujala, Segura de la Sierra

PUENTE ROMANO DE ROMILLÁN
Siglos I-II

La Sierra de Segura durante época romana fue un importante paso de caminos que comunicaba el suroeste peninsular con el Levante a través del valle del Guadalimar y la Meseta con el sur a través del valle del Alto Guadalquivir. De ahí que queden numerosos restos de infraestructura viaria, entre los que destacan puentes y calzadas romanas.
En el municipio de Segura de la Sierra destaca el Puente de Romillán, de posible autoría romana, s. I-II, está situado en el río Trujala, en el paraje conocido como Romillán, en el término municipal de Segura de la Sierra. La construcción es un puente de un sólo arco con sillería muy perfeccionada de factura semejante al puente romano del río Segura. Se encuentra en un magnífico estado de conservación aunque ha perdido parte del pretil, pero en algunos sillares aún conserva la pintura de las juntas realizada con almagre. Esta infraestructura viaria puede pertenecer a la misma ruta que el puente romano del río Segura y por tanto sería un hito más en la comunicación entre Cástulo y Saetabis.
 ADR SIERRA DE SEGURA.



Caratago y Roma en la Sierra de Segura

Los cartagineses hicieron un pacto con Roma y, con el paso del tiempo, entre ambos, se repartieron la Península. Pero eso no quiere decir que se llevaran como uña y carne, como veremos, ni que los cartagineses no tuvieran sus complicaciones a la hora de conquistar España.
A partir del 264 a. C. comenzarán sus apuros al tener que resolver varias y decisivas batallas en estos escenarios jiennenses, consiguiendo paulatinamente el poder sobre las tribus ibéricas.
En el 237 a. C. Amílcar impone su hegemonía sobre los bastetanos, a quienes pertenecía la zona de Segura y en cuyas cercanías, presumiblemente, murió el general cartaginés en el invierno del 228 ó 229.
En el año 225 a.C. Aníbal comienza la consolidación de la economía, basada en la minería, la ganadería y la agricultura. Lo primero que hace es restaurar y proteger con torres los caminos argáricos que corrían a lo largo de las riberas de los ríos Guadalquivir, Segura y Guadalimar además de construir sólidos puentes.
En el 214 se enfrentan los cartagineses, al mando de Asdrúbal y Magón, con los romanos, dirigidos por los Escipiones, siendo la nueva batalla de Castrum Altum (Segura de la Sierra). Es el comienzo de una guerra que terminará con las muertes, en el 212 de Publio Cornelio Escipión, y de su hermano Cneo.
Según cuentan algunas crónicas, Publio Cornelio fue atacado de noche en una de las fortalezas de Segura, acosado por Masinisa, quien pasó por cuchillo a todos los que dormían parapetados y atrincherados en los cantones.

Su hermano Cneo se vio acorralado en un torre a la que los cartagineses prendieron fuego, donde murió. Algunos historiadores han traducido, a través del vasco, el nombre de Orcera, Orcelis o Ilorce, como "ciudad de la tumba", posiblemente la de uno de los Escipiones.
Más tarde un sobrino de estos vendrá a luchar contra Asdrúbal por toda la zona hasta su derrota. Durante este período de guerra, las antiguas ciudades iberas van desapareciendo a favor de otras situadas en lugares con mejor comunicación.
Augusto sometió la zona de Segura bajo su mando, haciendola partido judicial de la Tarraconense. Tras la creación de los conventos jurídicos, quedó adscrita al de Cartagena, con lo que tenía que pagar sus tributo a Roma.

Para mejor extraer y trasladar los productos de la comarca hacia los puertos del Mediterráneo, los romanos construyeron nuevas calzadas y restauraron las vías antiguas.
Los ejes de comunicación son: Vía Hinojares, Toya, Santo Tomé, Iznatoraf, Venta de Beas, Bujalamé, La Puerta de Segura, Cardete, Tasca, Cotillas y otro ramal externo, por Génave y Villarrodrigo. Vía Castellar de Santisteban, Beas, interior de la Sierra de Segura.
Por las zonas más fértiles de la comarcan aparecen diseminados restos de explotaciones agrarias, amplias villas rurales bien acondicionadas. De entre todas destaca el yacimiento de la Villa Romana de Los Baños , s. 2ª ½ s. I-II, en el municipio de Arroyo del Ojanco.
Presenta la existencia de otros horizontes culturales, entre el Calcolítico y el Bronce Antiguo, si bien el más significativo es el correspondiente a la villa romana de época Bajoimperial dedicada a la explotación agropecuaria. El desarrollo de La Villa se inicia en torno a la segunda mitad del siglo I de nuestra era a juzgar por la existencia de algunas cerámicas romanas de tipo "terra sigillata", de origen sudgálico. Posteriormente se produce una reestructuración con la construcción de nuevos edificios y de nuevos pavimentos sobre la base de gravas apisonadas y cal.
Por último, la tercera fase desde el punto de vista estratigráfico e histórico, es la denominada como Baños III, Bajomedieval, a la que corresponden las estructuras de una gran villa con unos extraordinarios mosaicos correspondientes al área señorial de un asentamiento de marcado carácter agrícola.
Estas villas eran administradas por grandes señores que controlaban importantes fincas donde se producían alimentos y materiales muy apreciados: aceite de oliva y trigo, que se transportaban en ánforas de barro.
Con la bellota se fabricaba harina y de los pinos extraían la pez y la resina imprescindibles en la construcción de barcos. Además, una comarca tan rica en pastos y abrevaderos de agua fresca obliga a poseer ganados de ovejas, vacas y cerdos. Los apicultores extraían la miel y otros productos derivados de la colmena para exportarlos a Roma, donde adquirían altos precios gracias a su excelente calidad nutritiva y a la variedad de paladar de las distintas flores que crecen en la zona, la mayoría con valor medicinal
De esta época se conservan también en la Sierra de Segura construcciones que desvelan el interés por esta región, como el Puente Mocho del Guadalimar (Beas), realizado en mampostería de piedra caliza, que perteneció a la nueva Vía Augusta, seguramente construido en el último cuarto del siglo I a. de C.
También se conserva el puente romano de Romillán, en Trujala (Segura de la Sierra) y se han encontrado numerosos restos, como lápidas (un cementerio en la Higuericas en término de Villarrodrigo), monedas, piezas de cerámica en Arroyo del Ojanco, Génave, Catena. Baños como el de la Laguna (Hornos), en el Tranco, y un resto de acueducto no aéreo, sino suminado, en Segura de la Sierra y un molino de harina en Cortijos Nuevos.
En época romana, además del aceite, eran importantes las encinas y sus bellotas y la producción de pez y resina extraídas de los pinos.
Adquieren gran estima las ovejas y los cerdos, la miel, la cera y las abejas. La miel era exportada a Roma, así como el esparto.
Y en la minería: la plata y el cobre. Mítico es el río Tader (Segura) por sus arenas auríferas. Tanto se llevó Roma que descapitalizó nuestras fuentes de materia prima.

ADR SIERRA DE SEGURA

viernes, 22 de febrero de 2013

El Tesoro Ibero de Santiago de la Espada



El tesoro de orfebrería hallado en estas tierras y estudiado en los años 40 por Juan Cabré. El Tesoro de Santiago de la Espada se compone de fíbulas, anillos, pendientes de oro y plata, brazaletes, torques, un vaso de plata, varios lingotes y tortas de crisol de plata. La multiplicidad de piezas y de estilos con que están realizadas, así como la presencia de los lingotes y de las tortas de fundición, hizo pensar a Cabré que se trataba de la mercancía de un orfebre indígena, tal vez ambulante, y que el lugar del hallazgo hubiera sido el escondite empleado por éste para guardar las piezas.
"Parque Natural de Cazorla,Segura y las Villas"

Brazalete de plata, de sección circular

Pulsera de plata

Brazalete de plata, de sección rectangular
Pendientes de oro de carácter púnico y con forma de recimo de uva
















Asentamiento Ibero:Cabeza Grande y el Collao de la Virgen

Situado en el término Municipal de Villarrodrigo.Podríamos hablar de su arqueología, teniendo en cuenta que la ocupación más antigua para este término municipal está documentada en la Edad de Bronce. Tras ella el mundo ibero donde nos ha dejado asentamientos como La Escaleruela, El Atalayón, El Atalayón Bajo, y posiblemente Collado de la Virgen o Peñas de la Virgen. Presencia que es de considerable interés puesto que se trata de un oppidum con un tamaño que oscila entre las 3 y 4 hectáreas. Los asentamientos de las mismas fases iberas y con similares características en este territorio guardan una distancia entre 15 y 20 kilómetros.
 " Parque Natural de Cazorla , Segura y las Villas"

Asentamientos iberos:Bujalamé


Yacimiento situado en la vega del rio Guadalimar, entre Puente Génave y La Puerta de Segura. Tiene una extensión de 15 hectáreas. Se trata de un oppidum ibérico fortificado, con una continuidad de ocupación que abarca los siglos VI, V y IV, que será abandonado antes de época romana y no volverá a ocuparse hasta la Edad Media
Entre el material cerámico hallado en superficie abundan las decoraciones geométricas de bandas, círculos concéntrios, aguas, etc., características del Alto Valle del Guadalquivir. Asi mismo, se han encontrado cerámicas de cocina y grises de cocción reductora. (RUÍZ RODRÍGUEZ, A. 1997).
En el Ibérico Pleno ( siglos V y IV), Bujalamé adquiere una gran importancia, como lo demuestra el hecho de alcanzar una extensión de 15 hectáreas, equiparándose a los grandes oppida del Valle del Guadalquivir, como Cástulo. En esos momentos encontramos en su entorno pequeños asentamientos (fortines o torres), caracterizados por un emplazamiento estratégico que les permitía ejercer el control sobre el territorio circundante, como La Carrasquilla, en La Puerta de Segura o el Castillo de Torres de Albanchez. Es difícil establecer el motivo por el que se potencia esta zona en la periferia del consolidado Estado de Cástulo. Pudo deberse a una reacción de la aristocrácia local ante el creciente poder de Cástulo o bien a una estratégia del mismo Cástulo para controlar la vía natural de comunicación entre el Valle del Guadalquivir y el Levante peninsular. De cualquier modo, este esquema de ocupación territorial se mantiene en la sierra durante la época ibérica tardía, para desaparecer ante la llegada de los romanos. ( LÓPEZ ROZAS, J., CRESPO GARCÍA, J. M., ZAFRA DE LA TORRE, N., 1993; RUÍZ RODRÍGUEZ, A. 1997).



Edificado sobre un importante oppidum ibérico enclavado sobre una colina de 625 metros de altitud, cercada por un grueso muro de mortero de calicanto y tierra; acá se han encontrado hachas de piedra, puntas de flecha, así como restos de una fundición al pié de dicha colina donde se encontró una estatuilla en bronce conocida como El Sacrificador de Bujalamé, que se localiza en el Museo Arqueológico Nacional. Cronológicamente, este castillo es de época musulmana, del cual quedan restos de una torre, posiblemente la del homenaje, rectangular de unos 8´5 metros, gruesos muros de mampostería y mortero de calicanto. También se pueden apreciar los restos de la cerca del castillo, de tapial, así como los de un muro que enlazaba con la muralla exterior, además de abundantes restos cerámicos. Lo que más llama la atención de este castillo es su enclave estratégico de extensa visión del valle del río Guadalimar y las montañas de Segura, Alcaraz y Morena y, sobre todo, la vigilancia del castillo de La Puerta cuando quedaba inundada la entrada al cerrar el puente. Según me han informado hace poco tiempo, el dueño de esta finca ha derribado completamente los restos que quedaban de este castillo.Asociacion Cultural Sierra de Segura









Interpretación de la religiosidad ibérica y sus santuarios.

Probablemente en estos santuarios no existía un sacerdocio organizado; el tipo de vida de la His- pania antigua no era el más acomodado a ello. En las fuentes clásicas no se encuentran citas referentes a sacerdotes. Los santuarios estarían al cuidado de una especie de «sacristanes» que serían los encargados de limpiar los re- cintos sagrados y de depositar, de tiempo en tiempo, los exvotos en grietas o zanjas. Los fieles actuarían directamente ante los númenes, no por inter- medio de segundas personas, sino personalmente. Los santuarios ibéricos no son templos propiamente dichos, sino cons- trucciones semejantes a los «tesauroi» griegos, cuya finalidad sería el alma- cenar durante algún tiempo a los exvotos. Los santuarios ibéricos de Castellar de Santisteban y Collado de los Jardines, como el del Eremitorio de Nuestra Señora de la Luz, en Murcia, están enclavados en cuevas, junto a fuentes y en parajes abruptos. En cuanto a la situación de los santuarios ibéricos se observan las mismas tendencias que en la religión bereber o en la Cerdeña

La situación de los lugares sagrados no se fijan según las reglas de elección de las ciudades, sino en función de condiciones naturales particularmente favorables a la manifestación de lo sagrado. La religión ibérica seguramente desconoció en los santuarios ibéricos el sacrificio de víctimas, salvo quizás el de palomas. En este aspecto, la religión púnica, pese al tiempo de dominación cartaginesa, en la que existía toda clase de sacrificios, incluso los humanos, singularmente de niños, no influyó sobre la ibérica La ofrenda sería el propio exvoto, en el que el devoto trata de perpetuar su presencia ante el numen. En los bronces ibéricos no hay ninguno que represente a los dioses pro- pios de esta religión. En los exvotos etruscos, gemelos muchos en actitudes y técnicas a los ibéricos, cuando representan dioses determinados, llevan sus atributos Del hecho de que los santuarios ibéricos jiennenses estén situados junto a manantiales de agua se deduce que, al igual que en la religión de Cerdeña y en la bereber, las aguas representaban un papel importante en la religión ibérica. Las aguas eran uno de los medios por los queos dioses fenicios manifestaban su poder maravilloso; en la religión bereber lo sagrado reside frecuentemente en las aguas. Posiblemente en la religión ibérica, como en la de Cerdeña, el agua era un medio terapéutico y mágico al mismo tiempo Los santuarios ibéricos estarían consagrados muy probablemente a nú- menes locales, de los que para el ibero el factor verdaderamente importante no era su figura, sino su función. En este aspecto los exvotos que represen- tan miembros del cuerpo humano son de una importancia suma, pues gra- cias a ellos es posible conocer la función de estos númenes. Los genios ibé- ricos debían ser similares a las deidades africanas, de las que Picard asegu- ra que eran fundamentalmente las dispensadoras de la fecundidad. La religión ibérica, como parece deducirse del tipo de exvoto, es una religión de un gran pragmatismo; el ibero busca ante todo en el culto una utilidad práctica. Estaría muy cercana de la etrusca primitiva , de la romana de la época de los reyes y de la bereber. Los iberos, como los bereberes, no fueron capaces de elevarse sobre las concepciones más simples de la di- vinidad. Exactamente el mismo fenómeno se observa en Etruria, donde la concepción de seres sobrenaturales guarda siempre una cierta imprecisión en lo tocante al nombre, a sus cualidades y a sus formas . En los san- tuarios ibéricos no hay asimilación a ningún dios griego o romano. Segura- mente el hecho de que tres santuarios ibéricos estén situados junto a cuevas y junto a fuentes, es pervivencia de un período cultural anterior. Los genios ithyphalicos de Minateda y de la Cueva de los Letreros están pintados en parajes parecidos. Sin embargo, la religión ibérica sufrió una influencia de las religiones mediterráneas, no sólo en la presencia de edificios, sino en cuanto a aspectos exteriores del culto: empleo de exvotos. Las actitudes de éstos se encuentran en todo el Mediterráneo, tanto en la zona de influencia semita, Chipre y Baleares, como en Etruria, Grecia y Cerdeña. La religión ibérica tuvo un gran conservadurismo no sólo en no dejarse influir por las divinidades de los pueblos colonizadores, sino en no darse fenómenos de sincretismo en los santuarios. En cuanto a los exvotos, los artistas ibéricos no sólo no modifican los temas recibidos, sino que les dan un carácter estático, repitiendo los modelos arcaicos, consagrados por la tradición y copiándolos hasta el infinito por falta de iniciativa. La forma de religiosidad ibé- rica se emparenta con la de Cerdeña, la bereber y la etrusca primitiva, no con la céltica. Magníficamente Maluquer ha señalado la diferencia específica entre ambos bronces y ambos tipos de religiosidad: «los bronces que podemos denominar ibéricos son normalmente de tipo personal, re- cuerdos de una curación o favor especial alcanzado o deseado de la divini- dad a la que se ofrece. Por el contrario, los bronces célticos representan he- chos colectivos, procesiones, actos de sacrificios, festividades, cultos, es decir, representan una idea distinta de aquéllos. Los ibéricos son en esto exactamente análogos a los exvotos de los santuarios griegos, sicilianos o a los de la propia Grecia».


"Los santuarios ibéricos de la provincia de Jaén" José María Blázquez Martínez