jueves, 20 de diciembre de 2012

Introducción de la Cultura del Algar

La cultura argárica es una manifestación y expresión de los poblados del sudeste de la Península Ibérica en la Edad del Bronce, que formaron una de las sociedades de mayor relevancia en la Europa del II milenio a. C. y de las mejor estudiadas gracias al excelente estado de conservación de los restos arqueológicos

Orígenes y área de influencia de la cultura argárica

Durante mucho tiempo se creyó que poco antes de la mitad del II milenio, a la vez que cobraba cuerpo la cultura del vaso campaniforme, tenía lugar en el sureste peninsular un nuevo impacto colonizador de gentes procedentes del ámbito greco-micénico que seguían los pasos de navegantes más antiguos, instalándose en los importantes focos mineros de Almería y sus zonas limítrofes.

En la actualidad se ha verificado que la cultura material argárica se corresponde con una evolución de la que había en el sustrato previo, por lo que se descarta esta colonización.

El descubrimiento de manos de los hermanos Siret de los primeros yacimientos argáricos a finales del siglo XIX en la región oriental de la provincia de Almería, condujo durante más de un siglo a vincular los orígenes de esta cultura al territorio almeriense. Esta relación comenzó a ser cuestionada durante la primera década del siglo XXI, comenzándose a considerar más probable el origen de la cultura argárica en la franja territorial existente entre los ríos Almanzora (provincia de Almería) y Segura (Región de Murcia). En este sentido, los investigadores Salvador Fontenla, Juan Antonio Gómez, y Miguel Miras, apuntan la ubicación de la actual ciudad de Lorca (Región de Murcia) y su entorno como la probable zona de asentamiento primigenia de la cultura argárica.
Más allá de la determinación de un área específica originaria de la cultura argárica, en la actualidad existe un acuerdo sólido entre los investigadores en situar la zona de influencia argárica en el sureste peninsular, abarcando un territorio que ocuparía íntegramente las actuales provincias de Almería y Murcia, así como buena parte de las provincias limítrofes: Alicante, Albacete, Jaén y Granada.

 Características culturales

La presencia de esta cultura fue comprobada por primera vez en el poblado almeriense de El Argar, que le da nombre, y se caracteriza por el uso de la práctica de inhumaciones individuales, en cistas primero, y en grandes vasos o pithoi después. En ocasiones estos enterramientos incluyen a dos o incluso tres personas de una misma familia en la misma cista, y con frecuencia se hallan elementos de ajuar junto a los cadáveres (lo que lleva a pensar en creencias ultraterrenas en la cultura argárica). Ocasionalmente se han hallado asimismo enterramientos exclusivamente de objetos personales, sin que se halle ningún cadáver, lo que parece indicar que por alguna razón no pudo ser recuperado el cadáver del difunto para su inhumación. Es característico asimismo de la cultura argárica practicar los enterramientos en el suelo interior de la vivienda familiar, sellando la cista o urna funeraria (según el caso) con una gran piedra, cubriéndola posteriormente con arena para sellar el enterramiento y dar uniformidad al suelo de la vivienda. Finalmente el lugar de enterramiento dentro de la vivienda era señalado con una piedra de reducido tamaño que se colocaba en el suelo sobre la tumba. Estos aspectos representan un claro indicio del cambio en las ideas y en la estructura social respecto a épocas anteriores.

También se observa un mayor individualismo en la sociedad fruto de una mayor especialización de las actividades económicas. La metalurgia es ya bastante avanzada, se estandariza la producción de cerámica y las nuevas necesidades que surgen en una sociedad más avanzada provocan la aparición de un comercio mejor organizado.

Algunos individuos adquieren un gran nivel de riqueza que se traduce en ajuares funerarios de alto valor en los que no faltan armas suntuarias ni joyas valiosas. Se dan, en suma, características propias de sociedades urbanas. Los poblados de casas circulares de las fases anteriores van siendo sustituidos por otros de traza más regular, con calles bien definidas y viviendas rectangulares, que pueden parecerse a las tradicionales griegas (tipo megaron).

El hábitat argárico supone, por tanto, el abandono de un tipo de urbanismo primitivo que venía caracterizado por la distribución dispersa y aislada de las viviendas. En los "cabezos" argáricos podemos apreciar la existencia de casas compuestas de varios recintos de muros rectos y de forma irregular que se agrupan en núcleos compactos, distribuidos en relación con espacios libres y tortuosos, que podemos interpretar como calles, y que se adaptan a la configuración del terreno mediante la construcción de terrazas escalonadas contenidas por grandes muros longitudinales. El espacio habitable aparece delimitado por paredes medianeras perpendiculares al muro. En la cima se halla el núcleo del poblado que hace las veces de fortificación. Se usa abundantemente la piedra y la madera en la construcción de las casas.

La situación de los poblados no suele estar lejos de una fuente de agua potable, ni de los yacimientos de cobre y plata. Los grandes poblados se suelen situar a la salida de un valle, en una meseta o en una pendiente bien resguardada, mientras que los poblados pequeños estaban a mayor altura en los valles y solían situarse en pequeñas cimas aisladas. A un poblado tipo ciudad solían corresponder otros más pequeños a modo de puestos avanzados que, por regla general, tenían un camino directo y una situación de visibilidad que los ponía en contacto con el poblado original. La construcción de puertas fortificadas en los paños de las murallas y de cisternas, indican no sólo el nivel de civilización alcanzado sino también el problema del suministro de agua.

La situación de los poblados en zonas con escasa superficie aprovechable para la agricultura nos hace pensar que la actividad principal de esta sociedad debió ser la ganadería junto con la minería.


Principales yacimientos:

Alicante
Almería
Granada
Jaén
Murcia

viernes, 14 de diciembre de 2012

Visión General del fenomeno del Vaso Campaniforme



Bajo este nombre se engloban una serie de culturas calcolíticas que, a partir aproximadamente del 2200 a. C., tuvieron como rasgo común el uso de unos vasos cerámicos en forma de campana invertida, que se consideraron su fósil-guía más representativo. La característica más relevante de este fenómeno cultural es que se extendió prácticamente por toda Europa, desde el Atlántico hasta los Cárpatos, adquiriendo un cierto aire de universalidad que llamó la atención de los investigadores desde finales del pasado siglo. Estuvo unido en todas las regiones europeas a la introducción definitiva del trabajo del cobre, excepto en el Sureste español y en los Balcanes, donde representó ya un Calcolítico Pleno al ser lugares donde se había producido una adopción precoz de la metalurgia; la aparición del Vaso Campaniforme puede considerarse, según Delibes, la culminación de la secuencia neolítica en Europa Occidental. Las características culturales que definen este complejo cultural podemos resumirlas de la manera siguiente: - Su gran dispersión geográfica hizo pensar a muchos estudiosos en una absoluta homogeneidad cultural que se ha demostrado errónea pues, aunque concurren afinidades de tipo material, existe una gran variedad de grupos regionales. Harrison distinguió tres provincias o complejos culturales diferentes: a) Oriental, englobando las zonas circundantes a los ríos Oder, Elba y Rin. b) Occidental, que incluiría las regiones de los Países Bajos, Francia y las Islas Británicas. c) Meridional, con los grupos de la Península Ibérica, el sur de Francia, Sicilia y el norte de Africa.


 - La mayoría de los yacimientos que han permitido identificar este complejo cultural son sepulturas, conociéndose proporcionalmente muy pocos poblados. El tipo de enterramiento muestra un cambio sustancial respecto a las precedentes fases megalíticas, puesto que ahora encontramos sepulturas individuales que parecen responder a nuevas creencias y a nuevas formas de organización social. Las tumbas más típicas son hoyos circulares excavados en el suelo, en cuyo fondo se depositaba el cadáver -sólo en ocasiones se conocen deposiciones dobles o triples- acompañado de las piezas del ajuar. En algunos casos se emplearon cistas o se reutilizaron monumentos megalíticos, depositándose los enterramientos en los pasillos de acceso. La vinculación con las fases precedentes se ha interpretado en muchos lugares como un posible entronque con el sustrato y, por ejemplo, en la región del Rin algunos autores no perciben ninguna ruptura cultural y se inclinan a pensar que pudo ser este foco el origen de todo el fenómeno.


 - El equipo material campaniforme es el que mejor muestra las semejanzas entre unos grupos y otros. La cerámica fue el elemento clave por la relativa similitud en sus formas que, básicamente, se reducen a tres: el vaso de forma acampanada con amplio cuello troncocónico, la cazuela de menor altura y fuerte carena y el cuenco de forma semiesférica, todos ellos con la peculiaridad de estar profusamente decorados con la técnica de la incisión, formando motivos geométricos a base de rayitas, espigas, zig-zags, etcétera, dispuestos en bandas horizontales y paralelas desde el borde hasta el fondo del recipiente. Se trata de unas cerámicas perfectamente elaboradas de las que Clarke dijo que eran muy caras de producir, tanto en términos de horas-hombre, como en términos de valor absoluto contemporáneo. Casi siempre han aparecido acompañadas en los ajuares de las mismas piezas, que también podrían considerarse de lujo: puñal de cobre con empuñadura de lengüeta, puntas de flecha de cobre, diademas, cintas y láminas de oro, puntas de sílex con pedúnculo y aletas, brazal de arquero en piedra y botón de hueso con perforación en V.

 - La cronología del Vaso Campaniforme puede establecerse con cierta precisión puesto que son abundantes las dataciones radiocarbónicas que permiten marcar los límites del proceso entre los años 2200-1700 a. C., es decir, dentro del período que venimos denominando Calcolítico. Se han podido establecer diferencias cronológicas entre unos grupos y otros, siendo los más antiguos el grupo Cordado, típico de los Países Bajos y norte de Francia y denominado así porque la decoración está realizada a base de impresiones de cuerdas; el grupo Marítimo, localizado en el occidente de la Península Ibérica; y el grupo Oriental, todos ellos contemporáneos; los restantes grupos denominados Derivados o Incisos harían su aparición después del año 2000 a. C.

 Los grupos peninsulares, excepto los de la fachada atlántica, estarían incluidos en estos últimos y podrían agruparse en varios conjuntos, dependiendo de su lugar de ubicación: Palmela en el sur de Portugal, Ciempozuelos en la Meseta, Carmona en el valle del Guadalquivir y Salamó en Cataluña. Entre los grupos campaniformes peninsulares, algunos de ellos no demasiado bien definidos, existen diferencias no sólo en aspectos materiales sino a la hora de interpretar su aparición. Mientras en ciertos grupos aparece el ajuar campaniforme como un elemento totalmente nuevo en el registro arqueológico, en otros lugares como el Sureste o el Sur de Portugal, caso de Los Millares o de Vilanova de Saco Pedro, se encuentra en los niveles superiores del Calcolítico local, asociado a las sepulturas megalíticas y, por tanto, en un contexto que ya venía evolucionando desde las etapas precampaniformes ya analizadas.

 El problema más interesante en torno al Campaniforme, aún no resuelto de manera definitiva, es el del propio significado de este fenómeno cultural y desde los primeros años de este siglo se han formulado variadas hipótesis en torno a su origen y al porqué de su expansión, latiendo en todas ellas la aceptación del carácter paneuropeo de dicho fenómeno. En los primeros momentos de la investigación se intentó identificar esta cultura material con un determinado pueblo, partiendo de los presupuestos identificadores de raza-cultura y, así, se pensó que las gentes campaniformes serían grupos ambulantes, a modo de buhoneros, que habrían recorrido Europa difundiendo las incipientes técnicas metalúrgicas.

Independientemente de estos presupuestos teóricos, lo que se aceptaba por parte de casi todos los investigadores era la existencia de un determinado lugar de origen desde el que luego se había difundido hacia el resto del continente. Dejando al margen algunas interpretaciones extremadamente difusionistas que volvían sus ojos al Oriente, concretamente a Egipto como foco originario, las discusiones se centraron en decidir si era en Centroeuropa o en Europa Occidental, concretamente en la Península Ibérica, donde se podía situar la cuna de los campaniformes. Esta última hipótesis fue defendida por algunos investigadores alemanes de principios de siglo, como es el caso de Schmidt, y sobre todo por investigadores españoles como Bosch Gimpera y Alberto del Castillo, autor de la primera gran síntesis sobre la cultura del Vaso Campaniforme, publicada en 1928. A mediados de los años 60 tuvo una gran repercusión la teoría esbozada por Sangmaister según la cual el origen del campaniforme se situaría en la zona del estuario del Tajo, donde se localiza el grupo marítimo más antiguo, y desde allí habría un movimiento de flujo hacia Bretaña y los Países Bajos que daría lugar a la formación de los grupos centroeuropeos que, tras un dinámico desarrollo, iniciarían una nueva expansión en sentido inverso, de reflujo hacia las regiones meridionales y occidentales de Europa incluida la Península Ibérica. Fue el investigador inglés Harrison quien, a mediados de los años 70, revitalizó el estudio de este problema adoptando una explicación dualista que admitía un foco campaniforme originario en el estuario del Tajo y otro en Hungría, explicando las similitudes entre todos ellos por un fenómeno de convergencia. En los últimos años las perspectivas de estudio han cambiado -como decía Clarke, no es tanto un problema de datos sino de teoría- abandonándose los presupuestos monogenistas y difusionistas y, por tanto, la preocupación de buscar un origen geográfico a este fenómeno.

 Hemos visto que en muchos lugares se ha demostrado ya una continuidad cultural con los estratos precedentes y tiende a pensarse que el equipo campaniforme, compuesto por una serie de objetos de lujo, responde a las apetencias de unas elites sociales emergentes que habían establecido entre ellas unas redes comerciales importantes por las que se intercambiarían, entre otros productos, objetos considerados de prestigio.








http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/5711.htm

Vestigios del campaniforme el la Sierra de Segura

 En Hornos, De la Edad de Bronce han salido a la luz varios yacimientos Argáricos donde los enterramientos en cista y los ajuares funerarios, con hachas, puntas de flecha, puñales, etc., son sus características principales. Para el estudio de la prehistoria en Hornos, se realizó una excavación arqueológica en el yacimiento de Hornos, donde se evidenciaron varias etapas, desde el comienzo de su fundación entroncando con una cultura Neolítica Final Almeriense, pasando por las importaciones Campaniformes del Cobre Final al Bronce Antiguo y terminando con los contactos del Mundo Argárico en el desarrollo del Bronce Pleno.






Recientemente han sido halladas en la localidad de Orcera, en el Cerro de La Coja, 37 silos o fosas excavadas en la piedra que tenían distintas utilidades, como molinos, habitáculos o almacenes de piedra para construir. Se han descubierto también semillas de trigo, restos de animales domésticos, cuatro recipientes completos, dos puntas de flecha y varios cuchillos.
Todo esto parece indicar, a la espera de pruebas del equipo investigador, que en la zona hubo un asentamiento de finales de la Edad del Cobre, hacia el año 2.000 a.C., cuyos habitantes vivían del cultivo del trigo y del pastoreo de ovejas y cabras y habitaban en estructuras hechas con piedra, postes de madera y pieles.




ADR SIERRA DE SEGURA

viernes, 23 de noviembre de 2012

El Neolíco en la Sierra de Segura

En este período se sofistican los instrumentos de caza, redes, lazos, azagayas y propulsores para flechas con punta de sílex. Los utensilios en piedra de este periodo son de una gran variedad y muy especializados (leznas, raspadores, grabadores) fabricados principalmente sobre hojas y láminas (esto es, lascas largas, estrechas, delgadas y con filos paralelos, extraídas probablemente de un nódulo golpeado con un punzón y percutor, más que de forma directa con un martillo).




La Sierra de Segura presenta una características muy interesantes, porque facilita la construcción de cuevas a una altura suficiente como para estar a salvo de posibles ataques tanto de animales salvajes como de otros grupos humanos invasores. La Cueva del Nacimiento, en Pontones, ha sido utilizada en diferentes épocas desde finales del Paleolítico hasta el Neolítico Final. Se puede diferenciar cada período por los restos de herramientas de diferentes materiales y formas en que están fabricadas, así como los restos de animales que se encuentran en ella. Las dataciones pueden ser de 4.380 años, la más antigua, o de 3.450. En el Neolítico Final hay restos de cerámica lisa en la que predomina la fauna doméstica sobre la salvaje, y puede ser que estemos ya en el año 2.040 a.C. También en Pontones se encuentra la cueva llamada "Cañada de la Cruz" de unos 25 m2 por 5 de altura.

En ella se encuentran pinturas rupestres que representan formas humanas en posición de lucha y escenas de caza, además de signos esquemáticos de difícil interpretación. ¿A qué se dedica el hombre en estos años? Como se puede deducir de los restos encontrados, primero, a la caza de animales salvajes y a la domesticación después. Para poder cazar y preparar la carne y todos sus derivados: pieles, huesos, etc., ellos mismos tenían que fabricarse sus propias herramientas.
Además es un terreno propicio para la caza y el pastoreo, más que para la agricultura. Aquí se criaban cabras y cerdos con la rica bellota de los inmensos bosques de encinas, con la que también fabricaban harina. Las poblaciones crecían al aire libre en las cercanías de los ríos. En la Sierra de Segura se han encontrado muchos restos de esta época: un cráneo trepanado y cerámica en los enterramientos del Cerro de la Coja, en Orcera o un cementerio excavado en una cueva artificial en Hornos, fechada hacia el 4.830 a. C. Los yacimientos de Atalaya y Cerro del Utrero corresponden a la cultura de El Argar. En la Atalaya, ocupada a través de los siglos, existen manifestaciones de piedras talladas y pulidas, así como enterramientos en tinajas y representaciones de la Diosa de los Ojos. Existen también monumentos megalíticos como el dolmen que llaman Piedra de la Virgen. Los dólmenes eran enterramientos colectivos, compuestos de una cámara central precedida de un corredor adintelado y todo sepultado bajo un túmulo artificial. Este tipo de construcciones eran costosas y aunque su motivo era religioso parece querer demostrar cierto poder económico por parte del constructor. La Peña Hincada, un antiguo mehnir; la Piedra del Sombrero, y otro dolmen en la cueva del Engarbo, en Santiago de la Espada. Los tres monumentos marcan la dirección este-oeste. Datada sobre el III milenio a.C, La Cueva de la Diosa Madre del Poyo de los Letreros en Parolís, término de Segura de la Sierra, es un paredón inaccesible, excavado a 950 metros de altura, donde aparecieron pinturas rupestres en rojo: una serie de ídolos con ojos de pequeño tamaño, del mismo tipo que se han encontrado en Persia y Mesopotamia, que tienen sin duda carácter religioso.


 Otros yacimientos son la Cueva de los Caballos en Torres de Albanchez y en Benatae la Cueva del Águila en el Cortijo de los Lagartos, sobre el río Guadalimar, de donde proceden algunos microlitos, pequeñas piezas de sílex que son frecuentes en la etapa Mesolítica (período entre la última glaciación y el Neolítico).


 En el Neolítico se produjo la aparición de los primeros poblados con casas edificadas con diferentes materiales: adobe en el Oriente Próximo y grandes troncos de madera en Europa central y occidental. Las razas de estas épocas Neolítica y Eneolítica pertenecían al núcleo ibérico, aunque con las emigraciones célticas se produce cierto mestizaje sobre la población de la Sierra de Segura. Estas razas se dedicaron durante mucho tiempo a la caza y a la ganadería y a la fabricación de herramientas de utillaje y de caza, que con el tiempo y el descubrimiento fortuito de la metalurgia se convertirán en armas de defensa y ataque contra otros hombres. Y con las armas la vida se complicó. Algunos sectores dominantes se harán con la mayor parte de los yacimientos y medios de producción y someterán a los débiles, creando un sistema de clientelismo entre pobres y ricos que ha llegado hasta nuestros días.







En la Cueva del Nacimiento en Fuente Segura (Pontones) se ha documentado, con fechas absolutas, la ocupación humana más antigua en la provincia. En el 9250 antes de Cristo existió en este lugar una comunidad de parentesco que vivían de la caza del ciervo, el rebeco, la cabra montés, el corzo y el jabalí. A esta primera fase de ocupación de la Cueva se superpone otra en el Neolítico, que por el material cerámico e industria lítica, se ha fechado a mediados del VI milenio a C. A una fase posterior pertenece el abrigo de "Río Frío", que alberga un sepulcro colectivo que se ha datado entre finales del III milenio y II a C CUEVA DE LA CAÑADA DE LA CRUZ , EN PONTONES
















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Antropomorfo femenino











  • A unos 300 m al sur del Nacimiento del Río Segura
  • Formando parte de una serie encadenada de covachas
  • En un lugar próximo al camino que asciende por la Cañada de la Cruz.
  • Orientado al S-SO
  • De 5,35 m de ancho por 5 m alto y 4,2 m de profundidad.
  • Una figura femenina, de color castaño rojizo oscuro y aislada del resto, con cabeza discoidal; tórax trianguliforme; cintura muy estrecha y alargada con una inflexión hacia delante; brazos rígidos hacia abajo con un estrechamiento a la altura de la muñeca y con una ligera indicación del codo y las manos. Es significativa la falda acampanada, de la que sobresalen las extremidades inferiores, más musculosas que los brazos, una de ellas casi desaparecida y la otra con indicación del pie y de los dedos.
  • A la derecha de la figura anterior se aprecia una escena de caza, de color castaño rojizo oscuro, compuesta por dos ciervos en en actitud de movimiento y varios arqueros esperandoles
  • Del ciervo primero se conserva la cabeza, el tronco, la cuerna en perspectiva torcida y las extremidades rígidas (las delanteras casi perdidas) y, delante del ciervo
  • Del segundo ciervo quedan las extremidades delanteras parte de la cabeza con sus cuernas y una parte del trasero, el resto se ha perdido por el desprendimiento de una laja de roca de la pared
  • El arquero principal sostiene los restos de un arco con sus dos brazos y posee indicación de la melena, un haz de flechas a su espalda a la altura de la cintura, las dos piernas, un pie y tal vez el falo o adorno.
  • Hay dos aqueros inferiores más esquemáticos con sus arcos listos para disparar
  • Y otro arquero sobre el principal con sus flechas detrás de él a la altura de su pie y con su arco listo para disparar
  • Sobre este arquero hay lo que se asemeja a las cuernas de otro ciervo con varios trazos sin definir, posiblemente los ciervos abatidos.
  • A la izquierda y sobre la anterior se observa una escena de lucha, de color castaño rojizo oscuro, constituida por varios antropomorfos formando una mezcolanza de líneas de difícil interpretación, en la que se pueden ver, al menos, cuatro figuras humanas con un aspecto similar al de los antropomorfos esquemáticos en cuanto a la disposición del tronco y de las extremidades, pero con algunos detalles anatómicos como la cabeza y una escueta indicación de algún dedo de los pies. El antropomorfo central parece estar enzarzado en una lucha con el resto de las figuras, sosteniendo y elevando con sus brazos a dos de ellas, una a cada lado, mientras que otra figura aparece ya abatida junto a los restos de otra más indefinida.
  • Dos ramiformes en la pared derecha
  • Varias figuras indefinidas de color rojo




CERRO DE LA COJA , EN ORCERA Se trata de un conjunto de 37 silos subterráneos, usados como molinos, almacenes... En ellos se han hallado restos de trigo y animales, así como utensilios tales como cuchillos, puntas de flecha y recipientes.
Recientemente han sido halladas en la localidad de Orcera, en el Cerro de La Coja, 37 silos o fosas excavadas en la piedra que tenían distintas utilidades, como molinos, habitáculos o almacenes de piedra para construir. Se han descubierto también semillas de trigo, restos de animales domésticos, cuatro recipientes completos, dos puntas de flecha y varios cuchillos. Todo esto parece indicar, a la espera de pruebas del equipo investigador, que en la zona hubo un asentamiento de finales de la Edad del Cobre, hacia el año 2.000 a.C., cuyos habitantes vivían del cultivo del trigo y del pastoreo de ovejas y cabras y habitaban en estructuras hechas con piedra, postes de madera y pieles.


 CUEVA DE LOS CABALLOS EN TORRES DE ALBANCHEZ
ADR SIERRA DE SEGURA. Arte e Historia.

viernes, 9 de noviembre de 2012

ESTUPENDA VISTA DESDE EL iNTERIOR DE LA  TORRE DEL HOMANAJE  DE TORRES DE ALBANCHEZ


TORRES DE ALBANCHEZ


 Torre del Homenaje

( en su interior y vistas desde su cima)
  En el centro del pueblo, junto a la iglesia y el ayuntamiento, se conserva una imponente Torre del Homenaje. Cuadrada, de casi doce metros de lado, está construida con mampostería careada en pequeñas hiladas y con las esquinas reforzadas por piezas de sillería dispuestas a soga y tizón, como era habitual en las construcciones militares de la Encomienda de Santiago en la primera mitad del siglo XIV. El recinto exterior, integrado por muralla y cuatro cubos macizos que protegen las esquinas, es un añadido del siglo XV pensando ya en las reformas que imponía el reciente perfeccionamiento de la artillería. Interiormente su piedra está más cuidada y se estructura en tres pisos: en el más bajo hay un aljibe y en los superiores su planta se divide, mediante un muro central, en dos mitades cubiertas por bóvedas de cañón apuntadas y muy rebajadas. Se asciende a los sucesivos pisos a través de una escalera interior que va rodeando la torre. Es posible que tuviera una tercera planta de la que tan sólo se conservan algunos indicios. Esta torre del homenaje del antiguo castillo fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985.